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Venezuela vive un momento económico curioso que intentaré explicarle a los lectores con algunas cifras: oficialmente se habla de crecimiento, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) vuelven a abrir oficinas en Caracas y la inflación de septiembre bajó a 8,4%. Vista de lejos, la tendencia mediática podría enfocarse en la idea de que el país, por fin, comienza a levantarse.
Pero mirando de cerca los números del petróleo, se puede contrastar otra situación, que los venezolanos debemos aprender a sopesar para los meses que vienen, ya que algunos datos reflejan que el motor impulsor de la recuperación económica entra al último trimestre del año sin la velocidad requerida.
Desde Unidad Visión Venezuela sostenemos la tesis del rebote con techo: la economía ya no se hunde, pero con lo que tiene hoy, tampoco puede subir mucho más, y el último trimestre del año puede refutar o comprobar nuestra percepción.
Tras la salida de Maduro en enero, la producción petrolera pasó de 924.000 barriles diarios a 1,2 millones en agosto; casi un 30% más en ocho meses, un salto que explica buena parte del optimismo. El problema es que entre julio y agosto la producción apenas creció mil barriles, prácticamente nada extraordinario para honrar con holgura los compromisos económicos de fin de año.
Hay dos señales más que preocupan: las fuentes independientes que consulta la OPEP calculan unos 1,15 millones de barriles, casi un 5% menos que la cifra oficial. Y en septiembre las exportaciones cayeron cerca de 9%, porque el transporte marítimo se encareció y los compradores exigen descuentos para llevarse nuestro crudo. En términos sencillos, se produce lo mismo, se vende menos y más barato.
Dados los discretos resultados, el gobierno interino responde al acuerdo del 28 de agosto con Estados Unidos, para explotar una quinta parte de las reservas del país, y donde la meta declarada supera 1,5 millones de barriles diarios.
Es una noticia importante, pero conviene no confundir el anuncio con el resultado, ya que en materia petrolera entre la firma y el primer barril adicional pueden pasar más meses o años que los deseados: hay que perforar, reparar equipos, garantizar electricidad y formar personal. Chevron, el socio más establecido, plantea invertir más de 7.000 millones de dólares para superar los 600.000 barriles diarios hacia 2031. Para nosotros, esta última estimación marca el ritmo real del aporte por parte de la industria.
Entonces, separemos el trigo de la paja: el acuerdo puede mejorar las expectativas, pero no llenará los tanqueros antes de diciembre para sostener el poder adquisitivo de aguinaldos, bonos y más consumo. El venezolano entiende la fórmula: más bolívares en la calle presionan el dólar y con él, los precios. Si al mismo tiempo entran menos divisas petroleras, el Banco Central tendrá menos con qué contener esa presión.
El decrecimiento de la inflación en agosto y septiembre es una buena noticia, pero llega después de un 19,9% en julio y con un acumulado de 225% en nueve meses aproximadamente. A fin de año podremos corroborar si nos encontramos frente a una estabilización o, en pausa de más caída, ya que no se ha resuelto el problema de fondo: el gobierno sigue compensando con bonos; lo que es una solución rápida, pero frágil y se refleja con claridad, en las protestas de los jubilados en Caracas, porque el crecimiento que se anuncia todavía no llega a su mesa.
Nada de esto significa que el país vaya hacia atrás, consideramos que el riesgo de colapso económico que existía hace un año se ha atenuado considerablemente, y el regreso del BID y del FMI abre puertas cerradas durante una década. Pero, consideramos que el próximo salto, no vendrá del petróleo que ya se produce, ni de las cifras oficiales acerca del crecimiento del país.
Vendrá de resolver lo pendiente: una deuda en default que supera los 60.000 millones de dólares, un programa serio con el FMI y un sistema eléctrico que sostenga la producción. Mientras eso no ocurra, Venezuela crecerá, pero con techo bajo, y la economía mejorará más rápido en las estadísticas que en el día a día de la gente.
Tres datos dirán en las próximas semanas si me equivoco: la inflación de octubre y noviembre, el comportamiento del dólar en diciembre y las cifras de producción que publicará la OPEP a mediados de este mes.
Para finalizar, es importante señalar que el riesgo de un colapso inmediato es hoy menor que hace un año, pero no ha desaparecido: descansa en un acuerdo con Washington y en un gobierno interino donde la estabilidad depende de la voluntad de pocos actores; por lo tanto, puede revertirse con la misma rapidez con que llegó.
Omar A. Ávila H.
Diputado a la Asamblea Nacional
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