En su nuevo libro, «Narcocracia», la periodista mexicana explora los vínculos entre el narcotráfico y el poder político. En entrevista con LJR, habló sobre los desafíos de investigar un fenómeno que deja poca huella.
Narcocracia, el más reciente libro de Anabel Hernández
El libro «Narcocracia» de Anabel Hernández, editado por Grijalbo, presenta un análisis profundo de cómo el narcotráfico ha infiltrado las instituciones del Estado mexicano durante tres décadas. La obra, basada en el testimonio de Sergio Villarreal Barragán, «El Grande», ex operador del Cártel de los Beltrán Leyva, revela la estrategia mediante la cual los cárteles no solo utilizaron la violencia, sino también el soborno y la infiltración de funcionarios públicos de alto nivel. Hernández investiga cómo los narcotraficantes dejaron de ser cómplices para convertirse en gobiernos, interviniendo en campañas, elecciones y gobiernos. El libro también examina la actuación de gobernadores, mandos militares, legisladores, empresarios, secretarios de Estado y presidentes, destacando la influencia del crimen organizado en el sistema político y gubernamental de México.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, calificó de “inventos sin sustento(opens in new tab)” una investigación de la periodista Anabel Hernández durante una de sus conferencias de prensa matutinas en marzo de 2025. Un año antes, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador había llamado a la periodista “vil calumniadora(opens in new tab)” tras la publicación de un libro que lo señalaba de presuntos vínculos con un cártel.
Las descalificaciones desde la principal tribuna de comunicación del gobierno mexicano han acompañado durante años el trabajo de Hernández, cuyas investigaciones sobre corrupción y vínculos entre políticos y el crimen organizado son frecuentemente cuestionadas, entre otras razones, por recurrir a testimonios de miembros de la delincuencia y personas de su entorno(opens in new tab).
En una reciente entrevista con LatAm Journalism Review (LJR), Hernández explicó que esos testimonios son una fuente fundamental para investigar la corrupción vinculada al crimen organizado, que por lo general no deja huella. Pero para ella, ese tipo de críticas ilustra un punto más importante: Uno de los principales retos que enfrenta el periodismo de investigación en México, dijo, es que las autoridades frecuentemente responden a trabajos periodísticos cuestionando a sus autores y sus métodos, en lugar de abordar la información revelada.
“En México se han hecho trabajos de investigación de verdad de Pulitzer, investigaciones de corrupción administrativa realmente muy documentadas, muy buenas, y aún así el gobierno las descalifica”, dijo Hernández. “Los periodistas estamos dando la batalla. Y creo que por eso para el poder en general somos incómodos”.
Hernández, quien recientemente lanzó el libro “Narcocracia”(opens in new tab), sobre cómo el narcotráfico se ha infiltrado en las más altas esferas del poder en México, se ha especializado en documentar los vínculos entre el narcotráfico, la corrupción y el poder político en México. Su trabajo ha expuesto redes de complicidad entre el crimen organizado y altos funcionarios, lo que la ha convertido en una figura destacada del periodismo de investigación en su país — y la ha obligado a vivir en el exilio.
La periodista dijo tener la satisfacción de que muchos de los casos que ha revelado han terminado en procesos judiciales. Sin embargo, dijo que la sociedad debe tener claro que la principal función del periodismo no es producir arrestos, sino la divulgación de la verdad.
“Nuestra función es poner la información sobre la mesa y son los ciudadanos los que tienen que forjarse su criterio. […] A ellos les toca abrir los ojos y sacar sus conclusiones”, dijo. “El periodismo de investigación está para indagar más en aquello que está oculto, que el poder –ya sea económico, político, criminal– no quiere que conozcas”.
Hernández también habló con LJR sobre los retos de realizar su más reciente libro, el costo de continuar ejerciendo el periodismo bajo amenazas y desde el exilio, y la importancia de mantenerse en la “guerra” por el derecho de los ciudadanos a estar informados frente a la censura y la intimidación.
Cómo investigar lo que no deja rastro
Hernández dijo que investigar corrupción vinculada al crimen organizado presenta dificultades particulares en comparación con la corrupción institucional. En la mayoría de los casos, dijo, los criminales no dejan rastros documentales de sus operaciones, además de que para estas investigaciones es muy difícil encontrar testigos.
“No quedan cheques tampoco. No quedan depósitos bancarios”, dijo Hernández.
La periodista dijo que en los juicios contra miembros de la mafia o el crimen organizado en países como Estados Unidos, Italia y España, las pruebas testimoniales son parte medular del conjunto de evidencias. De manera parecida, agregó, estos testimonios en procesos judiciales también son cruciales para las investigaciones periodísticas sobre los lazos entre el poder y las organizaciones criminales.
“La manera como se aprende a hacer este trabajo es muchas veces de los muy pocos […] juicios donde realmente este tipo de transacciones, este tipo de hechos de corrupción entre el gobierno y miembros de la criminalidad organizada logran probarse”, dijo.
Hernández también recurre a fuentes anónimas. En ocasiones, autoridades o personas señaladas en sus investigaciones la han criticado y han buscado restarle credibilidad a su trabajo por no identificar a algunas de sus fuentes. Sin embargo, la periodista defiende las entrevistas anónimas no sólo como un recurso válido y común en el periodismo sobre la corrupción y el crimen, sino que seguido son indispensables, como cuando se trata de funcionarios que no tienen permiso para hablar públicamente.
La clave, dijo, está en el trabajo cauteloso que los periodistas deben realizar para corroborar su información y cumplir con el marco de objetividad, buena fe y verdad que requieren las mejores prácticas de la profesión.
“Armar estas investigaciones requiere mucha paciencia”, dijo. “Requiere ir con pies de plomo, tratando de obtener la mayor cantidad de pruebas de la mayor cantidad de fuentes diversas”.
Por esta razón, este tipo de investigaciones puede tomar años. Para su libro “Los Señores del Narco(opens in new tab)”, Hernández investigó durante más de cinco años el caso de Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública de México, sentenciado en Estados Unidos por narcotráfico y delincuencia organizada. En el libro, el primero de una serie de investigaciones de gran impacto sobre narcopolítica, la periodista documentó presuntos sobornos de líderes criminales al exfuncionario y el crecimiento exponencial de su patrimonio.
Para esa investigación, dijo Hernández, cotejó testimonios con información de declaraciones patrimoniales, del registro público y de otros documentos. Para otros trabajos, también ha recurrido a fuentes gubernamentales y expedientes judiciales.
“Es importante, no solo obtener información, sino corroborar que esa información es — en un estándar de verdad periodística — lo más cercano a los hechos como realmente ocurrieron”, dijo.
La periodista describe “Narcocracia”, su más reciente trabajo, como “un libro testimonial”. Rompe un hito, dijo, al presentar una entrevista frontal con Sergio Villarreal Barragán “El Grande”, un exintegrante del Cártel de Sinaloa, quien platicó con Hernández a gran detalle sobre la complicidad de las autoridades mexicanas con el crimen organizado en las últimas dos décadas.
“Creo que hay una aportación histórica al periodismo que se hace sobre estas temáticas, al lograr que un exnarcotraficante, que además ya purgó su condena, […] que fue testigo clave en el caso de García Luna y de otros funcionarios, quisiera hablar”, dijo.
“Me niego a ser mutilada”
Hacer periodismo le ha costado a Hernández tener que vivir lejos de su país. Aunque viaja ocasionalmente a México para avanzar sus investigaciones, la periodista está en el exilio desde 2014(opens in new tab) tras recibir amenazas de muerte y sufrir atentados(opens in new tab).
Sin embargo, se siente afortunada de que, a diferencia de decenas de colegas a quienes el exilio los ha forzado a abandonar su profesión, ella ha podido continuar trabajando como periodista desde fuera de México.
“Es muy doloroso ver a un periodista exiliado que no puede ejercer el periodismo. Yo creo que es una mutilación. Es una mutilación tremenda”, dijo. “Me niego a ser mutilada […]. Ando siempre nadando contra la corriente porque no acepto renunciar a mi periodismo”.
Pero esa obstinación no es fácil. Ha sido agotador lidiar con las amenazas y los esfuerzos por desacreditar su trabajo, dijo. Continuar ejerciendo la profesión contra viento y marea implica una permanente resistencia mental y emocional, agregó.
“Es exasperante, es muy solitario”, dijo.
Siempre que viaja a México se acoge al mecanismo de protección a periodistas. Aunque se ha documentado que este tiene grandes deficiencias(opens in new tab) — como la falta de personal y presupuesto para responder a la enorme demanda por parte de periodistas que enfrentan peligro — dijo que acudir al mecanismo de protección es la única manera en que el gobierno asuma su responsabilidad en caso de que algo le sucediera durante su estancia en el país.
Hernández dijo que el prestigio que ha construido durante tres décadas de carrera, así como el respaldo de organizaciones de defensa de la libertad de prensa y de su casa editorial, le brindan cierta protección. Sin embargo, sus visitas a México para trabajar siempre implican exponerse a la fuente de las amenazas en su contra.
“No me ha quedado otra más que jugar ese juego del gato y el ratón”, dijo.
Hernández dijo que el periodismo mexicano atraviesa una época en la que el hostigamiento, la violencia y las descalificaciones se suman a iniciativas de ley(opens in new tab) “para tratar de evitar que el periodismo de investigación tenga alguna rendija de libertad”, dijo.
Por eso subrayó la importancia de que la comunidad internacional, centros de investigación y medios de comunicación continúen visibilizando el peligro que viven los periodistas mexicanos. Por varios años, México ha permanecido como uno de los países más letales del mundo para los periodistas(opens in new tab), de acuerdo con organizaciones defensoras de la libertad de prensa, las cuales han documentado que el Estado mexicano es el principal responsable(opens in new tab) de gran parte de los casos de agresiones a periodistas. Hernández lo describió como “un sistema de corrupción que trata de sofocarnos para que no los incomodemos”.
“Es difícil, porque a veces volteas y ves al colega caído. Caído por una demanda, por una difamación, o caído por una bala, o por una desaparición forzada”, dijo. “Y es mantenerte en la trinchera y decir: ‘OK, yo mientras tanto, por mi compañero, por mí y por los demás, me mantengo’”.
